martes, 2 de noviembre de 2010

Por Eddy, La hiena triste*

No escribo. Los meses que llevo luchando con la no-escritura se han convertido en años y yo me he convertido en no-escritor.

Para Borges el tema de Bartleby el escribiente es la soledad, para mi, el cuento de Melville va mas allá, tiene otra dimensión: la de cómo la ocupación hace al hombre, una ocupación triste y gris hace de Bartleby un hombre triste y gris; Bartleby esta diseñado por su condición de pequeño funcionario; el es eso que hace.

Un no-escritor es ese eterno pretendiente con el que la literatura coquetea, al que manipula y con quien de vez en cuando se acuesta, pero sin un proyecto del que dependa la existencia de uno de los dos. Es un escritor furtivo que, agazapado entre los escritos de otros, lanza de vez en cuando uno suyo que queda colgado en el índice de alguna revista literaria. Pero sobre todo, el no-escritor se dedica a la no-escritura, que es el arte de desechar seis de cada cinco paginas escritas, preguntándose levemente para que, o diciéndose como Bartleby "prefiero no hacerlo".

Y no escribir, durante meses o años, incluso no escribir para siempre, dedicándose a sufrir la literatura en lugar de hacerla, solamente superados por esos escritores que no han escrito nunca. ¿Somos lo que hacemos? Los artistas si. Un pintor es sus cuadros o los cuadros que tiene en la cabeza, un músico es lo que suena dentro, un poeta es su verso.

Se me ocurre incluso —en mi afán por llevar las cosas al extremo, de exagerar como única manera de expresar lo mínimo perceptible— algo peor: que la obra es el artista, si, ya se que lo dijo alguien, todo lo que existe ya lo ha dicho alguien, o lo ha escrito alguien y solo podemos repetirlo lo mejor posible.

Quías deberia decirle a mi amigo escultor que su mejor escultura es él mismo, su vida y sus sueños, desgraciadamente esa obra es prácticamente imperceptible para cualquier publico posible e incluso para otros artistas que no puedan comprender que nuestra principal obra de arte somos nosotros mismos; no, no me da la gana de ir a psicoanalista.

Bartleby muere, pero antes ha dejado de escribir, y como no escribe tampoco se alimenta, (¿para que?) Ha dejado de ser.

Vila-Matas ha escrito todo un libro sobre el tema, al parecer un buen libro. Podría leerlo para incluir más elementos, comparar su análisis con el de Borges y darle a este ensayo un mayor vuelo, podría lanzarme en elucubraciones y ejemplos o engordar mis páginas con citas interminables de autoridades en la materia; podría, en definitiva, dejar terminado este ensayo, ustedes me van a disculpar pero, sinceramente, prefiero no hacerlo…


*Desaparecido en La Habana en los años 80 sin que nadie se diera cuenta.
Imagen: Escritura cuneiforme (!?)

viernes, 20 de agosto de 2010

Invención del destino

Por El Imprescindible Dr. Wong

La Mujer Sombra se sienta frente al imprescindible Dr. Wong y le pregunta: ¿Dónde están esos poemas que no he escrito, dónde se han ido?

Si miras en una dirección, dejarás de ver en todas las demás.

El Imprescindible Dr. Wong escribe desde un cansancio que parece milenario, como esas tortugas de Galápagos que ya estaban ahí cuando se inventó el mundo. ¿De donde viene esa fatiga, esa falta de fuerza para asumir un destino? yo creo que es de tanto hacer lo que no quieres, de tanto acudir a donde te llaman en lugar de ir a donde quieres ir; de tanto mirar en la dirección indicada, adecuada, mas útil, la correcta. De eso que se llama la vida cotidiana y que consiste en no estar muerto. Los libros que quiero leer, ¿quién va a escribirlos? es difícil romper el círculo, pero eso es lo que hacemos cuando escribimos, rompemos el círculo.


La mirada del sabio no se fija, la mirada del sabio se posa, como hacen las mariposas-reina de Kuangzung, que parecen tocar la superficie de las aguas dormidas del gran lago, aunque en realidad mueren en pleno vuelo, y como son tan ligeras no caen al agua, sino que se quedan flotando sobre una película de aire hasta que el viento las barre una vez al año. Así es la mirada del sabio. La mariposa tiene que romper el círculo dentro del cual el tiempo gira sobre sí mismo y amenaza con destruirlo todo.


Posa tu mirada entonces fuera del círculo y hazla flotar sobre el tiempo que se escapa, --sabrás que nadie te perdonará tal atrevimiento, pero, ¿no andas buscando tus poemas?—porque allí te conviertes en Mujer Fuente, y tus aguas parten en dos los peñascos y huyen entre los dedos del sediento; entonces verás hacia los lados y hacia arriba y verás sobre todo hacia dentro.


Y te verás, desnuda y en cuclillas sobre un monte, convertida en manantial.


Imagen: Ingres, El Manantial